Renny y Arelys: reinventarse lejos de casa y volver a empezar con sabor a propósito

El vuelo de Renny Álvarez y Arelys Areyan comenzó en septiembre de 2016, cuando dejaron Venezuela para aterrizar directamente en Charlotte junto a su hija Antonella. Años después, su familia crecería con la llegada de su hijo menor, Rodrigo.

Originarios del estado Anzoátegui, en el oriente venezolano, esta pareja con 25 años de matrimonio tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: emigrar.

En su país, ambos habían construido una carrera sólida. Arelys, relacionista industrial, llegó a ser gerente de una oficina principal en el área de fianzas y seguros, una experiencia que le permitió formarse en atención al cliente y liderazgo. Por su parte, Renny desarrolló toda su trayectoria en el área comercial, trabajando con reconocidas empresas y escalando posiciones gerenciales.

Pero emigrar cambia el rumbo.

“Para muchos venezolanos, emigrar es como divorciarse estando enamorado”, confiesa Renny, al recordar ese momento en el que dejaron atrás su vida para comenzar de nuevo.

La llegada a Estados Unidos estuvo marcada por la incertidumbre, el idioma y la necesidad de reconstruirlo todo. Lo que antes era estabilidad, se transformó en improvisación. La prioridad pasó a ser una sola: mantenerse a flote.

Renny hizo de todo. Trabajó como recibidor, en almacenes de madrugada, realizó entregas para compañías como Amazon y FedEx, hasta convertirse en técnico de mantenimiento, área en la que hoy se ha capacitado y la que le ha permitido impulsar su emprendimiento.

Arelys, por su parte, pausó su camino profesional tras el nacimiento de su segundo hijo. Luego, se reorganizó para trabajar en limpieza y organización de oficinas y salas de conferencias, alternando horarios con su esposo para cuidar a sus hijos sin delegar a otros su crianza.

 

Renny Arelys justo a sus hijos.

No fue fácil.

“Había inseguridades, porque no es lo que quieres, pero los cambios son un proceso… terminas haciendo cosas que nunca imaginaste”, reflexiona Arelys.

La nostalgia también ha sido parte del camino

Renny extraña la vida que tenía en Venezuela, su hogar, su entorno.
Arelys, en cambio, confiesa que lo más duro ha sido dejar atrás a la mujer que llegó a ser.

“Aquí no eres nadie… y eso cuesta entenderlo y asimilarlo”, dice. También añora la comida, los encuentros familiares y la cercanía con los suyos.

Sin embargo, en medio de ese proceso, también hubo crecimiento.

Para Renny, emigrar ha significado romper paradigmas, reinventarse y evolucionar como persona.

Y fue precisamente en esa reinvención donde nació su emprendimiento.

Nace Tsuky Sushi Expererience

Apasionado por la cocina, Renny comenzó preparando sushi para su familia y amigos. Al no encontrar en Charlotte sabores que los conectaran con lo que buscaban, decidieron hacerlo ellos mismos.

Arelys vio más allá.

Identificó el talento, la pasión y el potencial de su esposo, y apostó por convertirlo en negocio.

“No fue fácil. Aparecen dudas, miedos, ese saboteo mental de si a la gente le va a gustar… pero había que intentarlo”, recuerda.

Cortesía: Renny

 

Así nació su marca, que hoy suma cinco años creciendo gracias al boca a boca y al impulso de las redes sociales. Actualmente, ofrecen servicios para eventos y han ampliado su propuesta gastronómica.

Su historia es también un mensaje para otros migrantes

Atrévete. No te quedes con la idea. Si crees en algo, hazlo. Eso puede devolverte tu propósito”, afirma Renny.

Arelys lo resume con claridad:
“No se trata de quedarse con una idea… sino de permitirte hacerla, dejarla fluir”.

Hoy, su vuelo continúa.
No como lo imaginaron al inicio, pero sí como lo han construido con esfuerzo, resiliencia y amor por lo que hacen.

Gracias Arelys y Renny por permitirme contar su historia y el aporte a este espacio.

Me despido. Hasta la próxima historia.

Adriana Henríquez

@migrantesenvuelo