Lo que el Mundial me recuerda de ser migrante

Monroe, NC.- Cada vez que llega un Mundial de Fútbol, millones de personas alrededor del mundo se unen para celebrar la pasión por este deporte. Y aunque mi selección, la Vinotinto, no está presente en esta edición, eso no significa que no pueda emocionarme, apoyar a otras selecciones o compartir la alegría de quienes hoy ven representado a su país en la cancha.

De hecho, estos eventos me recuerdan muchas cosas sobre lo que significa ser migrante.

Me recuerdan que nunca dejamos de llevar nuestras raíces con nosotros. Que una bandera puede caber perfectamente en el corazón, sin importar cuántos kilómetros nos separen de nuestra tierra. Que el acento no se pierde y que, en cualquier rincón del mundo, siempre terminamos encontrando a alguien que habla nuestro idioma.

También me recuerdan que la nostalgia une. Que podemos amar dos o más países al mismo tiempo sin que eso reste valor a ninguno. Y que pertenecer a un nuevo lugar no significa olvidar de dónde venimos.

Lo veo incluso en casa. Con mi hijo celebro cuando juega Estados Unidos, el país donde nació y construye sus recuerdos. Pero también le explico que nuestras raíces nos conectan con otros países latinoamericanos y que podemos alegrarnos por sus triunfos. Hace poco, al hablar sobre las selecciones que apoyaba, me dijo algo que me hizo sonreír: “Mami, yo apoyo a Colombia porque mi prima nació allá”. En ese momento entendí que las nuevas generaciones también aprenden que el cariño y la identidad pueden cruzar fronteras.

Vivir la pasión del fútbol

Vivir en un país que recibe a personas de tantas nacionalidades durante un evento como el Mundial es como abrir las puertas de casa para una gran reunión de amigos. Cada uno llega con su bandera, sus costumbres, sus canciones y sus esperanzas. Y, al final, todos compartimos la misma emoción frente a una pantalla.

Hay algo especial en escuchar un himno nacional y sentir que se eriza la piel. Hay algo poderoso en ver cómo el fútbol logra unir culturas, idiomas e historias distintas en un mismo sentimiento. Y hay algo profundamente humano en celebrar juntos un gol, aunque nuestros pasaportes sean diferentes.

Quizás por eso el Mundial es mucho más que un torneo deportivo. Para muchos migrantes, también es un recordatorio de quiénes somos, de dónde venimos y de cómo hemos aprendido a construir hogar en más de un lugar.

¿Y tú? ¿Qué te recuerda el Mundial sobre tu historia como migrante?

Adriana H.

Imagen:

Creada por IA para Adriana H.