La protagonista de esta historia emigró a Chile el 29 de diciembre de 2020. No fue una decisión impulsiva. Fue pensada, conversada y, sobre todo, empujada por una realidad que en Venezuela se volvía cada vez más difícil. La migración no fue una elección romántica, sino una necesidad. #MiVuelo presenta a Mariana Ramírez.
Primero emigró su esposo. Mariana se quedó atrás junto a sus dos hijos: un niño de tres años y una adolescente de quince. La separación duró tres años, un tiempo largo y doloroso. “Él hizo camino primero que nosotros”, recuerda.
En Venezuela, Mariana ejercía su profesión como periodista. Antes de partir, era gerente de redacción de un periódico en el que trabajó durante diez años. Dejar ese espacio, despedirse de su familia y romper con una carrera construida durante tanto tiempo fue un quiebre profundo. “No sabía hacer nada más”, confiesa. “Pensé que no era capaz de otra cosa”.
Mariana es hija única. Extraña las tardes de café con su mamá, esos rituales cotidianos que no cuestan dinero, pero que pesan en el alma cuando faltan.
Aprender de nuevo
Al llegar a Chile, Mariana se enfrentó a una realidad desconocida: la importancia de los oficios. “Pensaba: ¿qué voy a hacer si no sé hacer nada?”, cuenta. No le gusta romantizar la migración, pero reconoce que ese proceso también la obligó a mirarse desde otro lugar. “La migración me ayudó a autodescubrirme y a ver de qué soy capaz”.
Buscando cómo salir adelante, dio un giro inesperado hacia la pastelería. Hizo un curso y comenzó a preparar postres, dulces, quesillos, tortas de cumpleaños que en Chile se llaman queques y ponquecitos. Vendía, aprendía y resistía. Durante un tiempo mantuvo activa su página de ventas, hasta que sintió que era momento de dar otro salto.
También le tocó ser mesonera, una experiencia que al inicio vivió como un retroceso, algo que muchos migrantes sienten. Hoy lo mira distinto. “Qué bonito poder decir gracias a ese restaurante”, afirma. Ese trabajo le enseñó humildad y respeto. “Cuántas veces subestimamos el oficio de otros sin saber lo difícil que es”.

Migrar también duele en los niños
La adaptación no fue fácil para su hijo menor. Para poder acompañarlo, Mariana comenzó a estudiar educación emocional y neurociencia. Quería comprender qué estaba pasando y cómo apoyarlo. Así descubrió una nueva vocación: unir la comunicación con el mundo emocional.
Ese proceso también la llevó a sanar a través de la escritura. Escribir fue refugio, catarsis y reconstrucción. “Escribir me sanó”, asegura.
Mariana reconoce que su crecimiento interno ha sido enorme y agradece a Dios por todo lo vivido, incluso por lo más duro. De ese camino nace su proyecto “Migrando al Ser”, un espacio creado desde su propia transformación.
“Un día me miré y dije: soy otra”.
Migrando al Ser
Migrando al Ser está dirigido principalmente a docentes, con el objetivo de entregar herramientas emocionales que les permitan acompañar a niños que atraviesan procesos migratorios y duelos silenciosos.
Actualmente, Mariana cursa un diplomado en Psicología Educacional, convencida de que los vínculos más seguros para los niños son primero los padres y luego sus maestros. Su propósito es transformar miradas, abrir conversaciones y romper barreras dentro de las instituciones educativas.
“La educación emocional debe estar en las aulas”, sostiene. Comprender cómo funciona el cerebro, saber contener, conectar y manejar a niños inquietos o afectados por la migración puede marcar una diferencia profunda.
Para Mariana, todos estamos en constante vuelo hacia nuestro ser, y su meta es seguir formando docentes en el ámbito emocional.

Lo que nunca se deja atrás
Extraña a su familia, el café con su mamá y el cariño del venezolano. Con un nudo en la garganta reflexiona: “Muchos dicen que se migra por una mejor calidad de vida, pero ¿hasta qué punto, si dejamos atrás abrazos tan necesarios?”.
“Tu historia es única y es tu fortaleza. La migración es un camino de curvas, no es fácil, pero con constancia. Hoy no es siempre. Lo que estás viviendo hoy no será para toda la vida. Todo cambia, todo evoluciona”.
Gracias, Mariana, por tu aporte. Mucho éxito en Migrando al Ser. Sigue adelante.
Hasta la próxima historia,
Me despido,
Adriana Henriquez