Estoy bloqueada. Sí, mi mente no consigue pensar en otra cosa que no sea Venezuela. Ver tanto dolor abre preguntas que no encuentran respuesta. ¿Cómo seguir adelante cuando el país que amas parece desbordarse en pérdidas? ¿Cómo sostener las rutinas diarias sin que la impotencia se filtre en cada gesto?
No es fácil. Y sin embargo, en medio de esa inmovilidad interna, el corazón encuentra un alivio pequeño pero real en la acción: en la urgencia de servir, en el trabajo voluntario, en la entrega de insumos, en los abrazos que nacen de una solidaridad que no pide permiso.
En espacios como The Latin Corner, su propietario, David Villanueva, no dudó en abrir las puertas y convertir el lugar en centro de acopio. Allí, entre cajas, listas y jornadas interminables, se formó un grupo que sostuvo días enteros de coordinación y esfuerzo. De ese trabajo colectivo nacieron más de 2.000 cajas de ayuda destinadas a Venezuela.
Esas cajas no viajarán como solo una carga material. Allí viaja algo más profundo: el esfuerzo de una comunidad, la esperanza que se resiste a rendirse y la certeza de que ese apoyo llegará a las familias que hoy enfrentan las consecuencias de los terremotos que sacudieron a mi amado país el pasado miércoles 24 de junio.
Que lleguen las cajas
Me llenó el alma ver a los niños involucrarse, dibujando corazones sobre los empaques de toallitas húmedas y pañales, mientras intentábamos explicarles que en Venezuela otros niños habían perdido sus casas, y algunos, incluso, a sus familias. En ese gesto pequeño habitaba una comprensión inmensa, de esas que se quedan viviendo dentro de uno.
A todos los que ayudaron como pudieron, a los que siguen preguntando cómo aportar, a los que ofrecieron un abrazo en el momento justo: gracias. En cada uno de esos gestos también viajó Venezuela.
Hoy continúo con los compromisos del trabajo, con la rutina que no se detiene. Pero hay una parte de mí que permanece allá, sostenida por la memoria, la empatía y la certeza de que el amor también se organiza en cajas.
Venezuela… te llevo conmigo, incluso cuando el mundo me pide seguir.